Prados floridos y ganadería regenerativa en Euskadi
Los prados del barrio de Brinkola en Legazpi, a las faldas del Parque Natural de Aizkorri, sustentan la alimentación de nuestras vacas y terneros 100% a pasto de Bemendi. Sin embargo, su valor ecológico y productivo se multiplica cuando el manejo transforma la pradera en un ecosistema integral, donde grandes herbívoros y pequeños organismos se benefician mutuamente. Para lograrlo, aplicamos pequeñas acciones de manejo que generan espacio y alimento para todos dentro de la misma superficie.
Al hablar de pequeños organismos, nos referimos a la red de insectos que habitan en los distintos estratos de la vegetación y en las capas superficiales del suelo. En nuestra finca organizamos las parcelas por su productividad (alta, media o baja calidad forrajera) y las evaluamos según diversas variables ambientales:
- Factores físicos: Sombra, pendiente, zonas de escorrentía o acumulación de agua, distancia a puntos de bebida…
- Suelo y vegetación: Estado de compactación, presencia de musgo, profundidad de la roca, tipos de plantas presentes…
- Manejo ganadero: Tipo de animales (engorde, parición, preñadas), condición corporal, época del año, historial de gestión, distancia entre parcelas, sanidad animal…
- Factores humanos: Horas de dedicación, época del año (fines de semana, vacaciones), imprevistos personales…
Esta combinación de factores de nuestro contexto determina el momento oportuno de pastoreo, la velocidad de rotación entre parcelas y la carga ganadera instantánea idónea. Así hemos avanzado hacia la regeneración del paisaje típico del País Vasco de campiña atlántica en mosaico, creando islas de biodiversidad que rotan cada año.
A continuación, te contamos cómo estas piezas van encajando en Bemendi para potenciar la calidad agroecológica de nuestros pastos.

¿QUÉ SON LOS PRADOS DE ALTO VALOR NATURAL (AVN)?
Un prado de alto valor natural (AVN) —o prado florido— es un hábitat agrario caracterizado por su elevada diversidad vegetal, alta densidad de flores y abundancia de insectos polinizadores. Estos ecosistemas son un elemento clave del paisaje tradicional de la campiña atlántica y del baserri vasco, combinando producción ganadera y conservación de la biodiversidad.
La evaluación de estos espacios busca reconocer el valor de la biodiversidad dentro de los sistemas productivos. Esta iniciativa forma parte del proyecto RED-bio (dentro del programa Interreg – POCTEFA), en Euskadi con la participación de HAZI.
¿Cómo identificar un Prado Florido? Criterios y evaluación
Las praderas florales se definen por un conjunto de indicadores integrados que permiten medir su calidad técnica y ambiental:
- Cualidades agrícolas: Diversidad de plantas forrajeras y nutricionales.
- Estado de conservación: Salud del suelo y ausencia de degradación.
- Valor paisajístico y cultural: Integración en la campiña atlántica.
Ficha de evaluación agroecológica
Para determinar el estado de una pradera, personal técnico aplica un protocolo estandarizado que analiza tres bloques:
- Calidad del prado: Presencia y porcentaje de plantas indicadoras (positivas y negativas), cobertura de herbazales densos, proporción de materia seca y signos de abandono o impacto.
- Elementos de Alto Valor Natural: Presencia de estructuras naturales y elementos de arquitectura tradicional.
- Análisis del suelo: Grado de compactación, velocidad de infiltración del agua, macrofauna (lombrices e insectos) y composición mineral.
Con estos datos, personal investigador de NEIKER realiza la interpretación técnica y emite recomendaciones de manejo.
MITOS Y REALIDADES: LO QUE NO ES UN PRADO DE ALTO VALOR NATURAL
Suele asociarse erróneamente el prado florido con un suelo pobre o improductivo, fruto de una gestión sin aportes de fertilizantes o insumos sintéticos.
En la agricultura convencional, estos prados suelen infravalorarse al medir únicamente su rendimiento forrajero inmediato a base de gramíneas de monocultivo (casi siempre ray grass inglés). Sin embargo, este enfoque ignora su potencial ecológico, su riqueza nutricional y su resiliencia ante eventos climáticos adversos, cualidades que se activan cuando se aplica un pastoreo planificado y adaptativo.
CASO DE ESTUDIO EN BEMENDI: DE PRADO DEGRADADO A 115/120
En Bemendi clasificamos los prados del 1 al 10 según su valor forrajero. Antes de implantar la ganadería regenerativa, nuestros prados florales obtenían la puntuación más baja (un 4). Mostraban apenas dos o tres especies de flores y un claro deterioro ambiental debido a su vulnerabilidad al sobrepastoreo.
Diagnóstico inicial:
- Muy baja densidad vegetal y alto porcentaje de suelo descubierto.
- Muy elevada presencia de musgo, helechos y zarzas con roca muy cercana a la superficie.
- Plantas de porte bajo, escasa palatabilidad y baja calidad nutricional.
- Suelo severamente compactado y ausencia de lombrices o escarabajos.
Resultados tras 4 años de manejo regenerativo:
En junio de 2026, botánicos de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) junto a personal técnico de HAZI analizaron la evolución de las parcelas tras cuatro años de pastoreo rotacional planificado con vacuno. La transformación ha sido radical:
- Evolución de la vegetación: Cobertura vegetal completa, pradera polifítica con hasta 21 especies florales distintas y alta presencia de leguminosas.
- Salud del suelo: Descompactación del terreno, alta velocidad de infiltración del agua e incremento notable de lombrices y macrofauna.
- Biodiversidad: Gran abundancia de escarabajos e insectos polinizadores, con un control natural del avance de helechos y zarzas y disminución significativa de musgo.
Reconocimiento a la gestión regenerativa
Tras completar la evaluación agroecológica, la representación técnica del proyecto otorgó a nuestras parcelas la puntuación: 115 puntos sobre 120 posibles y a la otra 110 sobre 120.
Logrando en ambos casos la máxima puntuación en calidad del prado (100/100) y siendo los elementos de alto valor natural, con una puntación máxima posible de 20, donde todavía tenemos margen de mejora mediante zonas de sombra (inclusión árboles aislados) y el aumento de setos o linderos.
Esta evaluación ha servido además como el primer certamen de pastos floridos de Euskadi —a imagen de los celebrados en Navarra, Cataluña o Francia—, donde se premia el equilibrio entre producción ganadera, biodiversidad botánica y conservación del paisaje siendo nuestros prados floridos los que han conseguido el primer puesto del concurso.
CONCLUSIÓN
Las flores son otro eslabón de la manifestación visible de un suelo vivo y un manejo regenerativo. La experiencia en nuestras praderas demuestra que es posible revertir la degradación ecológica y forrajera de las praderas mediante un pastoreo adaptado, convirtiendo terrenos vulnerables en ecosistemas fértiles, nutricionalmente ricos y altamente productivos.
Estos resultados nos dan más energía para continuar con esta gestión de nuestros prados, animales y relaciones personales. Asimismo, nos impulsan en otras pruebas y estudios que estamos realizando sobre superficies forestales (silvopastoreo, pinares, robledales, transiciones de bosque a pradera…), sobre transiciones a ganadería regenerativa en vacuno del País Vasco y sobre la integración de otros animales en el sistema, de las que iremos compartiendo avances en próximos artículos conforme obtengamos datos cuantificables.